jueves, 12 de agosto de 2021

Mi buen amigo

Las risas no faltaron en estos cuatro años, la calle donde vivo se degradó, se mal arregló y volvió a quedar igual de mal. Heme aquí.

El payaso fue reemplazado por un titiritero y se exilió en Nicaragua, donde amablemente le dieron la bienvenida, llegó donde Funes "saludos, viejo amigo".

La audiencia en el circo se vistió de cyan, y a la mujer con la balanza ¿por qué no la puedo encontrar? Los monos lanzan palomitas y los que tienen fe, qué bien deben estar.

Observo que confiaron un libro ante cuatro magistrados, dijeron que lo habíamos escrito entre todos, espero llegue a mí la consulta si una de mis notas se pretende cambiar.

Entre tanto, a todos, mis cordiales saludos.


sábado, 25 de febrero de 2017

Marea baja

"Lloro... cuando los ángeles merecen morir"

Una historia más, para el registro, para la bolsa, para apilar entre las otras. 

¿Qué ha sido en esta ocasión? La golpiza que viles criminales le propinaron a un ser que además de inocente, estaba indefenso. Es un caso triste, visto desde cualquier perspectiva, el relato de un joven prisionero a quien la vida no ha tratado con la justicia que se merece.

Desde que era joven, su existencia ha dependido totalmente de personas de altas esferas, que han decidido lo que será su destino, ellos votaron por entregarlo a una cárcel de por vida, sin derecho a opinar. Le quitamos lo que para nosotros es lo más sagrado: la libertad. Trece años ha sido cautivo de la sociedad, puesto que nadie apela por casos como el suyo.

Además de sobrevivir en una celda pública, donde cualquiera llega a verle para entretenerse, le ha tocado soportar un último agravio, que ha ocasionado un leve revuelo, cual una pequeña ola, que así como viene, se irá. Extraños se adentraron al reclusorio, le vieron, y poseídos quizá por el demonio de la barbarie, le golpearon, le hirieron y le dejaron ahí, a aquel que no puede alzar su voz.

Pasados un par de días, al verle distante y sin deseos de comer, le revisaron, notaron sus golpes y heridas e hicieron público el "incidente". Todos fingen indignación, cuando en estos trece años jamás se han preocupado por él.  
En pleno siglo XXI aún existen estos reclusorios, cuales circos del pasado, donde el estado de las "atracciones" es irrelevante a menos que ocurra un hecho como este. No comprendo por qué la sociedad pretende mostrarse como abanderada de la protección animal, cuando es más que claro que no ha podido defenderse ni a sí misma.

¿Dije "animal"? efectivamente, pues hablo por "Gustavito", el hipopótamo del Parque Zoológico Nacional. Cuando todos acaben de decir "me indigna" terminará la función, y nos prepararemos para la siguiente. Personalmente expreso mi indignación, ahora es tu turno y acabemos rápidamente con esta farsa.

Por esta noche, se cierra el telón.

martes, 3 de enero de 2017

Para muestra, un botón.

Permítanme narrar lo que ha sucedido, tras la divertida intervención de los payasos.

Un cerdo se ha soltado, y le he visto ensuciar el regazo de una niña, le vi actuar cual la bestia salvaje que un animal puede llegar a ser, le vi impregnar su saliva en el vestido de la jovencita, y también le vi correr con holgura entre sus adiestradores. Observé al público, el cual, a diferencia de mi, que en estado atónito presenciaba el hecho, mantenían tal calma, tal quietud, como si un cerdo haciendo de las suyas fuera lo más natural del mundo.

Tras ese porcino, corrían muchos más, formando un desagradable grupo de ataque, sus agravios se sumaron uno tras otro. Y la audiencia permaneció inerte, siguiendo con la mirada el desarrollo de los acontecimientos, murmurando entre ellos, pero con los brazos cruzados, como es su costumbre.
El vestido de la joven está sucio, está rasgado, y aunque llore, nadie hará nada por enmendarlo. 

¿De qué estoy hablando? Me parece que un salvadoreño entiende, pero, de todas maneras me explicaré, puesto que con ese fin escribo:

Un populoso locutor salvadoreño ha sido capturado, nuevamente, por el delito de remuneración de actos sexuales con menores de edad, al respecto se han generado diversidad de debates en línea, y hay una considerable información de los hechos circulando en medios virtuales. 
Pero las grandes cadenas noticiosas fuera de la red, han mantenido un peligroso y muy cuestionable silencio en relación a tan destacado evento (por darle un nombre).

Con qué finalidad están cometiendo una de las peores transgresiones al deber del periodismo, que es el de informar, por cubrir en la mayor medida posible el actuar del que no merece ni ser llamado por su nombre, y al que aquí me refiero únicamente como lo que es, un animal, un cerdo (aunque lamento el agravio que esto conlleva a los inocentes porcinos).  
Como dice la frase "para muestra, un botón", así de buena es la credibilidad de nuestros medios masivos.

Volviendo al tema principal ¿Se hará justicia? Bueno, al parecer de tres a ocho años de prisión, al menos para él, parece un pago adecuado por los actos barbáricos que ha cometido.

Pero a mi no me lo parece.

Sugiero, si me lo permiten, llevar a los puercos al matadero, y posteriormente deshacernos de sus carnes, puesto que considero serían potencialmente dañinas, de ser consumidas. Esa carne está podrida, salta a la vista con un rápido vistazo.
Si nos deshacemos con facilidad de un animal cuando éste inflige daño a los humanos, cual un perro rabioso, ¿por qué no utilizar la misma lógica con estos miembros de la sociedad?

Ah, porque somos seres racionales, que soportamos agravios irracionales.
Esperemos que la audiencia por esta vez no sea tal como la describo, y con esto adquieran consciencia de la gravedad de la posición en que se nos quiere mantener.


domingo, 1 de enero de 2017

Malos chistes, malos payasos.

Cuando me cambiaba de asiento, uno de los payasos de este circo contó, el que a mi juicio, es parte de los chistes más insulsos del 2016. Tomó el micrófono y dijo:

"El año nuevo llega colmado de muchas esperanzas y progreso, los niveles de confianza de inversionistas seguirán creciendo gracias a mi Gobierno"

Para mi suerte, no lo escuché en el momento, o habría arruinado mis aperitivos de fin de año, pero ese gusto lo tuvo uno de sus compañeros de oficio, quien desde el retiro se tomó el atrevimiento de enviar el saludo que aquí cito:

"Desde Nicaragua, tierra y pueblo que me ha recibido con mucho cariño, le deseo al pueblo salvadoreño, mi pueblo, un Feliz año y prosperidad".

Y todavía nos llama "su pueblo", que considerado.

Me indigno, por supuesto, pero, para quienes vivimos bajo esta carpa, no es algo que nos sorprenda en lo absoluto, la hipocresía florece con vehemencia durante estas épocas y a Judas le encanta besar nuestras gastadas mejillas.

Lo que yo entiendo, en base a ambos mensajes, es que a este pequeño año que inicia, antes de siquiera empezar a gatear ya nos lo apalearon. Burlarse con tal descaro, de aquellos que vivimos atemorizados, empobrecidos y angustiados, saludarnos desde sus cómodas residencias y esperar que respondamos con alegría es el colmo del descaro. 

¡Apartaos de mí, hacedores de maldad! ¿pero quién ha contratado tan mal entretenimiento?, que el público les abuchee de una vez, a falta de recursos para lanzar comestibles a sus rostros mal maquillados, no me queda más que escribir. Y de paso, desear sinceramente que este año un león acabe con este circo.

martes, 27 de diciembre de 2016

La sociedad de la complicidad

Al observar lo que sucede en mí país, me he percatado de que la situación de la inseguridad, no es solo culpa de las políticas blandengues del gobierno, es culpa de la gente misma.
En pláticas casuales, frecuentemente se habla del miedo que los ciudadanos le tienen a los delincuentes, de la fascinación que nosotros, los salvadoreños, le tenemos a aquellos que se arman de valor y toman la justicia en sus manos, de pueblos que no se dejan amedrentar en la forma que aquí permitimos, y de como deseamos "paz".

Pero todo es mentira, lo único que deseamos es comodidad, lo único que cultivamos es ignorancia, lo único que practicamos es la indolencia. Si hacemos cuentas, las "buenas" personas somos muchas más que las "malas", ¿cómo es posible que nos dominen entonces? ¿porqué un grupo supuestamente reducido tiene al país en sus manos?.
Les digo la respuesta, cada miembro de esta suciedad (sí, suciedad) colabora a que el barco se hunda, de esta manera: sin un mercado, no hay mercader. Si nadie comprara objetos robados, poco sentido tendría el hacerlo. Si los padres educaran a sus hijos en valores, las madres no tendrían que llorar su pérdida, fingiendo desconocer la causa de la misma.

Yo me pregunto ¿por qué dentro de un núcleo emparentado se toleran las graves faltas que uno de sus miembros comete? y así en todo el territorio, en cuyo panorama, en vez de verse hogares, se ven filas de ratoneras, las casas funcionan como escondrijos de victimarios, de los cuales todos son cómplices.

Y a pesar de esto, me atrevo a definir nuestra negligencia como "comodidad", término plenamente risible dado que nos están matando, y ¿desde cuando morir es agradable?. Pues como exponen la Sagradas Escrituras "Dice el perezoso: El león está en el camino; el león está en las calles. Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama".
De la misma forma el pueblo salvadoreño prefiere cerrar sus ojos y fingir que no hay nada que pueda hacer para cambiar esta realidad.

¿De dónde podrás, oh El Salvador, sacar el valor que necesitas para oponerte a esta errada cultura?
Cuándo podremos decir ¡ya basta de tanta indulgencia!
Seguramente, el día en que decidamos despertar.

jueves, 15 de septiembre de 2016

De porqué hacemos y porqué no

Este día el perro del vecino trató de morderme, hablo de la mascota, no del vecino, aunque la connotación podría describirlo a él, en cierta forma.
Pero sus dientes no tocaron la carne, debido al tipo de ropa que llevaba, un pantalón con caída amplia, la cual me protegió. Observé como el animal intentaba completar su peligrosa tarea, tenía un paraguas en la mano, lo levanté amenazante, y al cabo de un momento, el perro se había alejado, y ladraba desde la distancia.

Entonces reflexioné, sobre por qué no había ejecutado mi acción de lastimar al animal, dadas las circunstancias, pese a ser amante de la mayoría de seres vivos, no podría reprocharme luego si lo hacía, pero de todas formas no lo hice.
Para empezar, pensé, el can, dado su tamaño relativamente reducido, en ese momento no representaba una amenaza mayor que la de romper mi pantalón, y eso no es tan grave. Para continuar, sus intentos de lograrlo me dieron una mezcla de lástima y gracia (una vez superado el temor inicial), y para terminar, conozco a sus dueños, en especial al que solo llamo "vecino" al inicio de esta entrada.
Sé que este susodicho se ha encargado de convertir a su mascota en un animal colérico, por tanto el culpable de sus acciones es su amo, de golpear a alguien, debería ser a él y no al perro.

Y siguiendo esta línea de razonamiento, terminé conjeturando, sobre qué nos lleva a hacer lo que hacemos, y lo que no hacemos.
¿Qué lleva a alguien a ser tan pasivo?, ¿Que lleva al perro a atacar sin razón?, ¿Que lleva al dueño a trastornar al perro?, ¿Que lleva a alguien a lastimar al dueño?.

Ese "alguien" podría ser yo. Pero me lo reservo; volviendo a la reflexión, creo que antes de entrar en campos más profundos, la respuesta es sencilla.
Hacemos cuando tenemos razón, aunque esa razón pueda no serlo, hacemos entonces cuando creemos tenerla de nuestro lado.
No hacemos cuando se da el caso contrario.

Golpear al perro podría ser lógico, pero no correcto. 
Golpear al dueño podría ser un tanto irracional, pero sí serlo.

martes, 13 de septiembre de 2016

No me gusta

Cuando tenía nueve años, la vida era tranquila, porque estaba bendita, con la bendición de la ignorancia, quería crecer pronto, sin ninguna razón, solo quería ser grande.
Ahora lo soy, de cierta manera, y no me gusta.

A lo largo de los años vi lo que el destino le hizo a mis amigos, las niñas se hicieron mujeres, tienen hijos, pero no maridos. Los niños no lograron ser hombres, unos cayeron en drogas, otros también tienen hijos, pero no familias. Y otros... otros ya no están vivos.

A los catorce años saludé por última vez a quien fuera para mí un gran amigo, no hubiera imaginado que tres años después terminaría en una calle, volviéndose una cifra más en los índices de homicidios.
A los dieciséis vi de lejos a un compañero de educación media, tampoco creí que suyo sería el cuerpo que flotaba inerte en un río, del cual los vecinos hablaban solo unos meses después.

A los veintiuno descubrí cómo el que fue mi primer amor, durante mi infancia, había caído en drogas, había perdido aquel brillo de cuando era un niño.

Mientras más pasa el tiempo, peores se vuelven los descubrimientos, por una vez no hablaré de política, por esta vez no culparé al gobierno.
Porque hoy hablo con la venda de los sentimientos, hoy no veo más allá de esos cuerpos.
No. Sea por el clima luctuoso de este día, o por cualquier razón.
Solo veo a mi amigo, de quien no me despedí y escribo.

Que he crecido, y no me gusta, que ahora entiendo, y no me gusta. Que lo que veo, simplemente no me gusta.

Y ¿por qué escribir? Por la misma razón por la que se ríe, para no llorar.