jueves, 15 de septiembre de 2016

De porqué hacemos y porqué no

Este día el perro del vecino trató de morderme, hablo de la mascota, no del vecino, aunque la connotación podría describirlo a él, en cierta forma.
Pero sus dientes no tocaron la carne, debido al tipo de ropa que llevaba, un pantalón con caída amplia, la cual me protegió. Observé como el animal intentaba completar su peligrosa tarea, tenía un paraguas en la mano, lo levanté amenazante, y al cabo de un momento, el perro se había alejado, y ladraba desde la distancia.

Entonces reflexioné, sobre por qué no había ejecutado mi acción de lastimar al animal, dadas las circunstancias, pese a ser amante de la mayoría de seres vivos, no podría reprocharme luego si lo hacía, pero de todas formas no lo hice.
Para empezar, pensé, el can, dado su tamaño relativamente reducido, en ese momento no representaba una amenaza mayor que la de romper mi pantalón, y eso no es tan grave. Para continuar, sus intentos de lograrlo me dieron una mezcla de lástima y gracia (una vez superado el temor inicial), y para terminar, conozco a sus dueños, en especial al que solo llamo "vecino" al inicio de esta entrada.
Sé que este susodicho se ha encargado de convertir a su mascota en un animal colérico, por tanto el culpable de sus acciones es su amo, de golpear a alguien, debería ser a él y no al perro.

Y siguiendo esta línea de razonamiento, terminé conjeturando, sobre qué nos lleva a hacer lo que hacemos, y lo que no hacemos.
¿Qué lleva a alguien a ser tan pasivo?, ¿Que lleva al perro a atacar sin razón?, ¿Que lleva al dueño a trastornar al perro?, ¿Que lleva a alguien a lastimar al dueño?.

Ese "alguien" podría ser yo. Pero me lo reservo; volviendo a la reflexión, creo que antes de entrar en campos más profundos, la respuesta es sencilla.
Hacemos cuando tenemos razón, aunque esa razón pueda no serlo, hacemos entonces cuando creemos tenerla de nuestro lado.
No hacemos cuando se da el caso contrario.

Golpear al perro podría ser lógico, pero no correcto. 
Golpear al dueño podría ser un tanto irracional, pero sí serlo.

martes, 13 de septiembre de 2016

No me gusta

Cuando tenía nueve años, la vida era tranquila, porque estaba bendita, con la bendición de la ignorancia, quería crecer pronto, sin ninguna razón, solo quería ser grande.
Ahora lo soy, de cierta manera, y no me gusta.

A lo largo de los años vi lo que el destino le hizo a mis amigos, las niñas se hicieron mujeres, tienen hijos, pero no maridos. Los niños no lograron ser hombres, unos cayeron en drogas, otros también tienen hijos, pero no familias. Y otros... otros ya no están vivos.

A los catorce años saludé por última vez a quien fuera para mí un gran amigo, no hubiera imaginado que tres años después terminaría en una calle, volviéndose una cifra más en los índices de homicidios.
A los dieciséis vi de lejos a un compañero de educación media, tampoco creí que suyo sería el cuerpo que flotaba inerte en un río, del cual los vecinos hablaban solo unos meses después.

A los veintiuno descubrí cómo el que fue mi primer amor, durante mi infancia, había caído en drogas, había perdido aquel brillo de cuando era un niño.

Mientras más pasa el tiempo, peores se vuelven los descubrimientos, por una vez no hablaré de política, por esta vez no culparé al gobierno.
Porque hoy hablo con la venda de los sentimientos, hoy no veo más allá de esos cuerpos.
No. Sea por el clima luctuoso de este día, o por cualquier razón.
Solo veo a mi amigo, de quien no me despedí y escribo.

Que he crecido, y no me gusta, que ahora entiendo, y no me gusta. Que lo que veo, simplemente no me gusta.

Y ¿por qué escribir? Por la misma razón por la que se ríe, para no llorar.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Celebrando la muerte

Ya era suficientemente malo que hasta los pequeños hijos de El Salvador estuvieran acostumbrados a ver cuerpos sin vida, tirados en la calle. Pero ahora se celebra.
Si es un pandillero, sin importar las razones, es una victoria, y los padres aplauden, se ríen, le enseñan a sus hijos que la muerte prematura de un joven es cuestión de orgullo, porque esa vida "ya no tenía remedio".
Y dice la canción "¿a dónde vamos a parar?", cuando un alma inocente se pervierte, pues la guían de forma equivocada.
"No hay camino para la paz, la paz es el camino" expresaba Gandhi, aquí sería "no hay camino para la paz, ya no hay camino".

Imaginen por un momento una sociedad donde nadie confía en nadie, el pueblo no cree en sus funcionarios, los funcionarios por su parte son corruptos, el gobierno es corrupto, todo es corrupto.
Donde te tienes que cuidar la espalda de tus vecinos, porque por una "mala mirada" te pueden matar. Donde no podes acudir a nadie, porque nadie te ayudará.
Donde estás solo.

Y los pequeños se vuelven pandilleros, por cualquier razón, terminan en el asfalto, ahogados en su sangre, con gente que observa satisfecha.

¿A dónde vamos a parar?, si es que podremos hacerlo.