Pero sus dientes no tocaron la carne, debido al tipo de ropa que llevaba, un pantalón con caída amplia, la cual me protegió. Observé como el animal intentaba completar su peligrosa tarea, tenía un paraguas en la mano, lo levanté amenazante, y al cabo de un momento, el perro se había alejado, y ladraba desde la distancia.
Entonces reflexioné, sobre por qué no había ejecutado mi acción de lastimar al animal, dadas las circunstancias, pese a ser amante de la mayoría de seres vivos, no podría reprocharme luego si lo hacía, pero de todas formas no lo hice.
Para empezar, pensé, el can, dado su tamaño relativamente reducido, en ese momento no representaba una amenaza mayor que la de romper mi pantalón, y eso no es tan grave. Para continuar, sus intentos de lograrlo me dieron una mezcla de lástima y gracia (una vez superado el temor inicial), y para terminar, conozco a sus dueños, en especial al que solo llamo "vecino" al inicio de esta entrada.
Sé que este susodicho se ha encargado de convertir a su mascota en un animal colérico, por tanto el culpable de sus acciones es su amo, de golpear a alguien, debería ser a él y no al perro.
Y siguiendo esta línea de razonamiento, terminé conjeturando, sobre qué nos lleva a hacer lo que hacemos, y lo que no hacemos.
¿Qué lleva a alguien a ser tan pasivo?, ¿Que lleva al perro a atacar sin razón?, ¿Que lleva al dueño a trastornar al perro?, ¿Que lleva a alguien a lastimar al dueño?.
Ese "alguien" podría ser yo. Pero me lo reservo; volviendo a la reflexión, creo que antes de entrar en campos más profundos, la respuesta es sencilla.
Hacemos cuando tenemos razón, aunque esa razón pueda no serlo, hacemos entonces cuando creemos tenerla de nuestro lado.
No hacemos cuando se da el caso contrario.
Golpear al perro podría ser lógico, pero no correcto.
Golpear al dueño podría ser un tanto irracional, pero sí serlo.