sábado, 25 de febrero de 2017

Marea baja

"Lloro... cuando los ángeles merecen morir"

Una historia más, para el registro, para la bolsa, para apilar entre las otras. 

¿Qué ha sido en esta ocasión? La golpiza que viles criminales le propinaron a un ser que además de inocente, estaba indefenso. Es un caso triste, visto desde cualquier perspectiva, el relato de un joven prisionero a quien la vida no ha tratado con la justicia que se merece.

Desde que era joven, su existencia ha dependido totalmente de personas de altas esferas, que han decidido lo que será su destino, ellos votaron por entregarlo a una cárcel de por vida, sin derecho a opinar. Le quitamos lo que para nosotros es lo más sagrado: la libertad. Trece años ha sido cautivo de la sociedad, puesto que nadie apela por casos como el suyo.

Además de sobrevivir en una celda pública, donde cualquiera llega a verle para entretenerse, le ha tocado soportar un último agravio, que ha ocasionado un leve revuelo, cual una pequeña ola, que así como viene, se irá. Extraños se adentraron al reclusorio, le vieron, y poseídos quizá por el demonio de la barbarie, le golpearon, le hirieron y le dejaron ahí, a aquel que no puede alzar su voz.

Pasados un par de días, al verle distante y sin deseos de comer, le revisaron, notaron sus golpes y heridas e hicieron público el "incidente". Todos fingen indignación, cuando en estos trece años jamás se han preocupado por él.  
En pleno siglo XXI aún existen estos reclusorios, cuales circos del pasado, donde el estado de las "atracciones" es irrelevante a menos que ocurra un hecho como este. No comprendo por qué la sociedad pretende mostrarse como abanderada de la protección animal, cuando es más que claro que no ha podido defenderse ni a sí misma.

¿Dije "animal"? efectivamente, pues hablo por "Gustavito", el hipopótamo del Parque Zoológico Nacional. Cuando todos acaben de decir "me indigna" terminará la función, y nos prepararemos para la siguiente. Personalmente expreso mi indignación, ahora es tu turno y acabemos rápidamente con esta farsa.

Por esta noche, se cierra el telón.

martes, 3 de enero de 2017

Para muestra, un botón.

Permítanme narrar lo que ha sucedido, tras la divertida intervención de los payasos.

Un cerdo se ha soltado, y le he visto ensuciar el regazo de una niña, le vi actuar cual la bestia salvaje que un animal puede llegar a ser, le vi impregnar su saliva en el vestido de la jovencita, y también le vi correr con holgura entre sus adiestradores. Observé al público, el cual, a diferencia de mi, que en estado atónito presenciaba el hecho, mantenían tal calma, tal quietud, como si un cerdo haciendo de las suyas fuera lo más natural del mundo.

Tras ese porcino, corrían muchos más, formando un desagradable grupo de ataque, sus agravios se sumaron uno tras otro. Y la audiencia permaneció inerte, siguiendo con la mirada el desarrollo de los acontecimientos, murmurando entre ellos, pero con los brazos cruzados, como es su costumbre.
El vestido de la joven está sucio, está rasgado, y aunque llore, nadie hará nada por enmendarlo. 

¿De qué estoy hablando? Me parece que un salvadoreño entiende, pero, de todas maneras me explicaré, puesto que con ese fin escribo:

Un populoso locutor salvadoreño ha sido capturado, nuevamente, por el delito de remuneración de actos sexuales con menores de edad, al respecto se han generado diversidad de debates en línea, y hay una considerable información de los hechos circulando en medios virtuales. 
Pero las grandes cadenas noticiosas fuera de la red, han mantenido un peligroso y muy cuestionable silencio en relación a tan destacado evento (por darle un nombre).

Con qué finalidad están cometiendo una de las peores transgresiones al deber del periodismo, que es el de informar, por cubrir en la mayor medida posible el actuar del que no merece ni ser llamado por su nombre, y al que aquí me refiero únicamente como lo que es, un animal, un cerdo (aunque lamento el agravio que esto conlleva a los inocentes porcinos).  
Como dice la frase "para muestra, un botón", así de buena es la credibilidad de nuestros medios masivos.

Volviendo al tema principal ¿Se hará justicia? Bueno, al parecer de tres a ocho años de prisión, al menos para él, parece un pago adecuado por los actos barbáricos que ha cometido.

Pero a mi no me lo parece.

Sugiero, si me lo permiten, llevar a los puercos al matadero, y posteriormente deshacernos de sus carnes, puesto que considero serían potencialmente dañinas, de ser consumidas. Esa carne está podrida, salta a la vista con un rápido vistazo.
Si nos deshacemos con facilidad de un animal cuando éste inflige daño a los humanos, cual un perro rabioso, ¿por qué no utilizar la misma lógica con estos miembros de la sociedad?

Ah, porque somos seres racionales, que soportamos agravios irracionales.
Esperemos que la audiencia por esta vez no sea tal como la describo, y con esto adquieran consciencia de la gravedad de la posición en que se nos quiere mantener.


domingo, 1 de enero de 2017

Malos chistes, malos payasos.

Cuando me cambiaba de asiento, uno de los payasos de este circo contó, el que a mi juicio, es parte de los chistes más insulsos del 2016. Tomó el micrófono y dijo:

"El año nuevo llega colmado de muchas esperanzas y progreso, los niveles de confianza de inversionistas seguirán creciendo gracias a mi Gobierno"

Para mi suerte, no lo escuché en el momento, o habría arruinado mis aperitivos de fin de año, pero ese gusto lo tuvo uno de sus compañeros de oficio, quien desde el retiro se tomó el atrevimiento de enviar el saludo que aquí cito:

"Desde Nicaragua, tierra y pueblo que me ha recibido con mucho cariño, le deseo al pueblo salvadoreño, mi pueblo, un Feliz año y prosperidad".

Y todavía nos llama "su pueblo", que considerado.

Me indigno, por supuesto, pero, para quienes vivimos bajo esta carpa, no es algo que nos sorprenda en lo absoluto, la hipocresía florece con vehemencia durante estas épocas y a Judas le encanta besar nuestras gastadas mejillas.

Lo que yo entiendo, en base a ambos mensajes, es que a este pequeño año que inicia, antes de siquiera empezar a gatear ya nos lo apalearon. Burlarse con tal descaro, de aquellos que vivimos atemorizados, empobrecidos y angustiados, saludarnos desde sus cómodas residencias y esperar que respondamos con alegría es el colmo del descaro. 

¡Apartaos de mí, hacedores de maldad! ¿pero quién ha contratado tan mal entretenimiento?, que el público les abuchee de una vez, a falta de recursos para lanzar comestibles a sus rostros mal maquillados, no me queda más que escribir. Y de paso, desear sinceramente que este año un león acabe con este circo.